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Infinitivos
Publicado por
marcos blanco
en
18:26
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Etiquetas:
felicidad,
hacer,
moverse,
pensamientos,
pilas,
sorprenderse.,
Verbos
Descubrir/Inventar/Romper/Gritar/Saltar/Redescubrir. Infinitivos que liberan, que sueltan, que son, que dejan ser, que nos llenan de vida, que desafían la quietud, esa repugnante cobardía disfrazada de calma. Tiempos complicados para nombrarlos, todo va tan rápido que no llegamos nunca a ningún lado, pero estamos a la vez en todos, con 140 caracteres. Entonces crear se vuelve una quimera. Cómo soñar cuando no se tiene sueño? Cómo buscar cuando ya todo se ha encontrado? No recuerdo la última vez que me sorprendí sinceramente por algo, que me dejé llevar por el maravilloso privilegio de sentirese testigo de algo increíble, único, virtuoso. Como todo hombre soy hijo de mi tiempo. Como todo hombre soy rehén de estos días y estas noches. Y la libertad se vuelve mi meca, la tierra prometida. Escaparse es pensar, gritar, crear, amar, romper, soñar, caer, partir, volver, pelear, llorar... Pero nunca acostumbrarse. Acostumbrarse es morir.
Insomne III
Publicado por
marcos blanco
en
21:00
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Etiquetas:
felicidad,
insomnio,
melancolia,
pensamientos,
reflexiones,
tristeza
En estos días en que la vida no es más que una duda a domicilio. Es en estos raros días en que me pregunto qué pretende de mis ansias. Acaso espera un maletín, dos corbatas y una rutina con medialunas? O quizá la rebelión del oprimido, con el mapa en el armario y la brújula al revés.
Yo no sé. Supongo que no se puede crecer al revés de los adultos. Somos ese paréntesis que se abre después de la vida, que llenamos hasta que un buen día de otoño se cierra. Siempre es otoño cuando se cierra.
Nacemos con la ilusión de crecer, no en altura ni en tamaño, ni en conquistas, ni en medallas… sólo queremos alcanzar las alacenas, los estantes, las repisas. No pretendemos más que sueños de cartón. Pero algo a media voz nos confiesa que no es todo. Hay algo más allá del horizonte que es tu falda.
Pero nunca llega. Nunca ese que creíamos venir cuando cantábamos tristes canciones de amor. ¿Acaso hay otras? Y no se trata de amor. Se trata de nosotros. Siempre buscando el punto de fuga hacia la trascendencia. Cómo convencerse de que somos hormigas, puntos suspensivos de esta recta que es la muerte, al fin y al cabo.
Somos el nefasto inventario de lo que alguna vez quisimos ser. No hay tiempo que perder para ser feliz, pero perdemos tanto tiempo siendo.
Quizá espera de mí un maletín, dos corbatas y una rutina con medialunas. Quizá sea hora de dejar de pensar.
Sábado 2 p.m.
Publicado por
marcos blanco
en
9:34
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Etiquetas:
Córdoba,
felicidad,
filosofia,
pensamientos,
terremotos,
tsunamis
Las respuestas a este mundo tan loco, y a veces tan condenadamente cuerdo que habitamos, jamás las vas a encontrar en las razones de los hombres, ni en las ideas de las banderas.
Los terremotos van a seguir jugando al ajedrez con las ciudades, las tormentas arruinarán los festivales y yo... yo voy a seguir allí, pensando quién sabe qué.
Pero en algún punto, cuando aún sin comprender la pequeñez de estas hormigas llamadas humanos, te des cuenta que no hay respuestas a todo esto (que tampoco se definir ni comprendo), vas a dejar de hacerte el superhombre, entenderás que el mundo no es más que tu mundo, tu concepción de el, y por fin te dignes a aceptar el golpe bajo.
Y es así como encuentro las respuestas en una tarde de sábado, cuando en vez de estudiar alguna abstracción del Siglo XIX, termino escuchando "La Navidad de Luis", cantada por una negra Sosa más presente que nunca.
Y siento que los tsunamis, genocidios, terremotos, asesinos, revoluciones, jaquemates, flagelos y todos los etcéteras que a esta locura le quepan... pasan en mi mundo tanto como en el otro, ... y con tardes de sábado, con risas, con felicidades cotidianas (acaso hay otras?) puedo hacer que duelan un poco menos.
Se que no es más que una transa, un impune soborno a nuestra insignificancia.
Los terremotos van a seguir jugando al ajedrez con las ciudades, las tormentas arruinarán los festivales y yo... yo voy a seguir allí, pensando quién sabe qué.
Pero en algún punto, cuando aún sin comprender la pequeñez de estas hormigas llamadas humanos, te des cuenta que no hay respuestas a todo esto (que tampoco se definir ni comprendo), vas a dejar de hacerte el superhombre, entenderás que el mundo no es más que tu mundo, tu concepción de el, y por fin te dignes a aceptar el golpe bajo.
Y es así como encuentro las respuestas en una tarde de sábado, cuando en vez de estudiar alguna abstracción del Siglo XIX, termino escuchando "La Navidad de Luis", cantada por una negra Sosa más presente que nunca.
Y siento que los tsunamis, genocidios, terremotos, asesinos, revoluciones, jaquemates, flagelos y todos los etcéteras que a esta locura le quepan... pasan en mi mundo tanto como en el otro, ... y con tardes de sábado, con risas, con felicidades cotidianas (acaso hay otras?) puedo hacer que duelan un poco menos.
Se que no es más que una transa, un impune soborno a nuestra insignificancia.
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