Maldito el tiempo si no vuelve y si martilla mi presente con su estrépito pasar.
Maldito el día si muere viejo y ya no encuentro el adjetivo que me lleve a ese lugar.
Malditos miedos que minan mis certezas, maldita causa en tiempos de paz.
Malditos labios sin urgencia de vos, calmos e inertes como rendidos al final de un largo caminar.
Malditos brazos si ya no envuelven, si capitulan ante el hartazgo y la rutina.
Maldita nostalgia si mata sólo por las noches, atrincherada en su cuartel de risas y recuerdos.
Maldita mi voz si cuando canta sólo suena a excusas gastadas, a perdones stándar, a tequieros de ocasión.
Malditas canciones que cada vez hablan más de nosotros, y menos de tí.
Malditos pronósticos que ya no hablan de nosotros, y menos de mí.
Malditas las letras de este teclado agrandado, de esta Internet que nos deja sin humanidad.
Maldito el camino que me lleva a lugares que detesto, a los grises de un extemista in extremis.
Maldita las ganas de escribir sobre este hoy, cuando el vagón de mis virtudes acusa cero en la partida del amor.
Maldita mi boca, tus besos; mis manos, tus dedos; mi muerte, tu vida.
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Insomne IV
Publicado por
marcos blanco
en
19:36
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Etiquetas:
amor,
certezas,
locura,
muerte,
pensamientos.,
tristeza
Insomne III
Publicado por
marcos blanco
en
21:00
|
Etiquetas:
felicidad,
insomnio,
melancolia,
pensamientos,
reflexiones,
tristeza
En estos días en que la vida no es más que una duda a domicilio. Es en estos raros días en que me pregunto qué pretende de mis ansias. Acaso espera un maletín, dos corbatas y una rutina con medialunas? O quizá la rebelión del oprimido, con el mapa en el armario y la brújula al revés.
Yo no sé. Supongo que no se puede crecer al revés de los adultos. Somos ese paréntesis que se abre después de la vida, que llenamos hasta que un buen día de otoño se cierra. Siempre es otoño cuando se cierra.
Nacemos con la ilusión de crecer, no en altura ni en tamaño, ni en conquistas, ni en medallas… sólo queremos alcanzar las alacenas, los estantes, las repisas. No pretendemos más que sueños de cartón. Pero algo a media voz nos confiesa que no es todo. Hay algo más allá del horizonte que es tu falda.
Pero nunca llega. Nunca ese que creíamos venir cuando cantábamos tristes canciones de amor. ¿Acaso hay otras? Y no se trata de amor. Se trata de nosotros. Siempre buscando el punto de fuga hacia la trascendencia. Cómo convencerse de que somos hormigas, puntos suspensivos de esta recta que es la muerte, al fin y al cabo.
Somos el nefasto inventario de lo que alguna vez quisimos ser. No hay tiempo que perder para ser feliz, pero perdemos tanto tiempo siendo.
Quizá espera de mí un maletín, dos corbatas y una rutina con medialunas. Quizá sea hora de dejar de pensar.
insomne
Publicado por
marcos blanco
en
20:12
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Etiquetas:
divagues,
insomnio,
literatura,
melancolía,
nostalgia,
pensamientos,
tristeza
Maldita apuesta sin fondo para tantas cosas. Eterno trueque entre el todo que tengo y la nada que viene… gotas que caen de ese cielo cada vez más lejano, de esa esperanza ajena a mis ganas.
Mi cuarto de huéspedes aloja tantos proyectos que las ventanas arden de ingenuidad. Así y todo cuesta abandonar el barco sin tirar aunque sea un manotazo. Ya vieron cómo cuesta pelear con los guantes gastados.
Relojeo a la vida y le pregunto qué onda? Te fuiste? Ns/Nc.
Cobarde me escapo en los sueños… tanteo, amago, lo intento… que fácil! No hay peros, no hay muerte… sólo azul… sólo luz…
Lástima que el baile se acaba, y es temprano para olvidar caricias…
La Docta de la tristeza
Publicado por
marcos blanco
en
19:26
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Etiquetas:
Argentina,
Córdoba,
corrupción,
La Docta,
melancolía,
tristeza
En este país que no vive, en esta ciudad que no sueña, extraño pararme en una esquina y que los semáforos ardan. En cambio se empeñan en guiñarme los ojos, titilantes, intermitentes, nerviosos como el tachero que pone primera antes del verde.
Y extraño mirar hacia el cielo y que los faroles me alumbren, pensantes, recordando la Córdoba luz, la del '18, del '55; la de los dotores y las colegialas. Pero no, ya no sueña, y no deja dormir tampoco.
Cuando llueve me mojo, cuando hela me helo. La 9 de Julio es igual que la San Martín y el patio de mi casa más oscuro que el Chateu un lunes. Y sin embargo te sigo extrañando. Será porque alguna vez te amé, me enamoraste, y creí que jamás dejarías de ser.
Ando por las calles como por las nubes, buscando tu boca, tus manos, tus sueños. Y encuentro algún dejo de melancolía entre los cartones que esconde un container de la Gral. Paz; o en los recuerdos de algún Salzano que se ha cansado de escribirte a ver si despertás.
Pero no hay caso, sigo sin encontrarte, seguís sin encontrarnos. O sin buscarnos. Quizá sea yo el que ha cambiado, quizá espere de vos que seas la excepción a esta regla que se llama Argentina.
Y extraño mirar hacia el cielo y que los faroles me alumbren, pensantes, recordando la Córdoba luz, la del '18, del '55; la de los dotores y las colegialas. Pero no, ya no sueña, y no deja dormir tampoco.
Cuando llueve me mojo, cuando hela me helo. La 9 de Julio es igual que la San Martín y el patio de mi casa más oscuro que el Chateu un lunes. Y sin embargo te sigo extrañando. Será porque alguna vez te amé, me enamoraste, y creí que jamás dejarías de ser.
Ando por las calles como por las nubes, buscando tu boca, tus manos, tus sueños. Y encuentro algún dejo de melancolía entre los cartones que esconde un container de la Gral. Paz; o en los recuerdos de algún Salzano que se ha cansado de escribirte a ver si despertás.
Pero no hay caso, sigo sin encontrarte, seguís sin encontrarnos. O sin buscarnos. Quizá sea yo el que ha cambiado, quizá espere de vos que seas la excepción a esta regla que se llama Argentina.
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